Saturday, November 14, 2009

Sharon Olds

Sharon Olds dedica todo un libro a su padre, que murió de cáncer. Ésta es uno de los primeros poemas del libro, pero todos están cargados de emoción (no sensiblería):



La extracción

Cambia de hora en hora,

pierde destrezas, viejos talentos.

con las rodillas flexionadas, el cuerpo

color de hojalata y el cabello grasoso,

como de ungüento ritual, mi padre avanza

de hora en hora, de cabeza,

hacia la muerte. Siento cada centímetro suyo

acercándose a ella a través de mí,

como avanzaron mis hijos,

atravesando mi cuerpo sin prisa.

Como un dios percibo ríos

que tiran con firmeza a través mío.

Es la tierra abriéndose paso,

el universo entero arrastrándose dentro de mí,

pasando por mi cuerpo como un pañuelo por un aro:

como si mi padre pudiera vivir y morir

a salvo dentro de mí.



The pulling

Every hour, now, he is changing,

shedding some old ability.

Knees up, body tin-colored,

hair black and grey, thick with

grease like ritual unguent, my father

moves, hour by hour, head-first,

toward death, I sense every inch of him moving

through me toward it, the way each child

moved, slowly, down through my body,

as if I were God feeling the rivers

pulling steadily through me, and the earth

pressing through, the universe

itself hauled through me heavily and easily,

drawn trhough my body like a napkin through a ring -

as if my father could live and die

safely inside me.



Sharon Olds, El padre, traducción de Mori Ponsowy, Bartleby Editores.



Me gusta la traducción, es limpia, sencilla, como el lenguaje de Olds, y no pierde información ni rebaja la tensión de las metáforas. Perfecta.

Saturday, November 07, 2009

Comemos sombra

Alzamos unos ojos casi moribundos. Mendrugos,
panes, azotes, cólera, vida, muerte:
todo lo derramas como una compasión que nos dieras,
como una sombra que nos lanzaras, y entre los dientes nos brilla
un eco de un resplandor, el eco de un eco de un eco del resplandor,
y comemos.

Comemos sombra, y devoramos el sueño o su sombra, y callamos.
Y hasta admiramos: cantamos. El amor es su nombre.

Pero luego los grandes ojos húmedos se levantan. La mano no está. Ni el roce
de una veste se escucha.
Sólo el largo gemido, o el silencio apresado.
El silencio que sólo nos acompaña
cuando, en los dientes la sombra desvanecida, famélicamente de nuevo echamos a andar.

Vicente Aleixandre, en Nombre escondido (Antología esencial 1928-1984), de Renacimiento.

Friday, October 30, 2009

¡Pelea! ¡Pelea!

Los chicos de hoy día no son muy distintos de cómo éramos nosotros, a todos nos gustaban las peleas, nos emocionaban porque nos sacaban de nuestra rutina o porque parecían una película (bueno, yo soy muy rara, nunca me han gustado). Y sin embargo, que en una pequeña ciudad de provincias haya una pelea todos los días a la salida del instituto, que los que se pelean sean fundamentalmente niñas y que cada vez sean más jóvenes, ya no me parece tan normal y me hace pensar y preocuparme mucho. Si a esto podemos añadir que ya no les impresiona que los profesores estén delante y que venga la policía a separarlas, me hace temblar y no por mi propia integridad física ni por la de los alumnos, sino por lo que significa una futura sociedad agresiva que todo lo quiera solucionar con los puños y las patadas. Quiero creer que los involucrados son jóvenes que están poco integrados en la sociedad, con un nivel educativo muy bajo y unas familias que no han podido dedicarles mucho tiempo porque han tenido que dedicárselo al trabajo, ¡y a qué precio!, para que sus hijos acaben malgastando lo que se les da: educación, seguridad, atención, cariño, paz y unas necesidades cubiertas que no saben con qué esfuerzo se han conseguido. Quiero creer, por lo tanto, que son una minoría, aunque una minoría preocupante. Y quiero creer que podremos atajar este problema cuanto antes, porque, si no, sencillamente, se nos irá de las manos y cosas tan normales como salir a la calle tranquilamente a dar un paseo dejarán de serlo. No exagero: en algunas ciudades de este país ya no se puede andar sin miedo por la noche y en USA la gente no pasea, teme a los pistoleros y a las bandas.

Tuesday, October 13, 2009

El taxista ladrón

Hoy en las noticias han hablado de un taxista que va a publicar su segundo libro basándose en las historias que le cuentan sus clientes. Me parece muy bien por él, pero yo, cuando vaya a Madrid, tendré cuidado de no subirme a su taxi, porque me robaría parte de mi biografía, de mi historia, de mi momento. Ya tuviera prisa por coger un avión, ya estuviera nerviosa por una entrevista de trabajo, ya preocupada por ir a ver a alguien al hospital... me gustaría que me pidieran permiso para utilizar mi drama en un cuento o una novela. Es como si ponen tu fotografía en el periódico sin avisarte, o la utilizan en una web sin permiso. Mi drama es mío, mi vida es mía, mi prisas son mías. Lo contrario es robar.

Saturday, October 03, 2009

De nuevo...

De nuevo estuve alejada de mi blog y de vosotros, lo siento.
Regreso, preocupada y cabreada con la poesía. Me preocupa porque me está costando mucho volver a su refugio. Me cabrea porque parece una amante celosa, que te abandona y te maltrata si no le dedicas todo tu tiempo y tu amor.
Vale, no pasa nada, mi estrategia será ignorarla hasta que caiga en mis brazos otra vez. Mientras tanto, tengo más canales de TV, más discos, más novelas, estoy traduciendo American Madness: Bruce Springsteen y la creación de Darkness on the Edge of Town, de Julio Valdeón, al inglés, y Song of Lawino, de Okot p'Bitek, al español, contestando e-mails, paseando y disfrutando del otoño rojo en la ribera del Ebro.
Ya volverás a mis brazos, poesía, no te conviene perder ni uno de tus pocos acólitos.

Saturday, September 05, 2009

Hoy

¿Has visto al silencio llorar?

Friday, August 28, 2009



París significa, además de sus monumentos, museos, plazas, calles y restaurantes, visitar la librería más famosa del mundo, Shakesperare & Company, frente a Notre Dame, y descubrir que los libros unen, convocan, resumen la vida de los hombres y los autores, y además, sus templos merecen visitarse, más que los de piedra, porque están más vivos.

Es interesante saber que la librería actual pertenece a George Whitman, cuya hija se llama como la primera propietaria, Sylvia Beach, la que editó a Joyce y reunió a la generación perdida, y que él la reabrió después de la II Guerra Mundial y sigue reuniendo a escritores, políticos, filósofos y amantes de la literatura en general.

Su lema es: "Be not inhospitable to strangers lest they be angels in disguise".