Las cosas nunca son lo que parecen. Corre por debajo de ellas un escondido riachuelo, un enorme cauce avasallador, o un hilillo de agua estancada.
Después de la batalla y la tempestad, viene la calma. El mirarse al espejo y descubrirse de nuevo, poner todo en su sitio y olvidar los golpes, esperar que vuelva o no vuelva a suceder.
Callar o no callar, esa es la cuestión.
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