Yo quería rezar: entonces se me caía un zapato,
explotaba una bomba de protones
o un torrente se llevaba mi casa.
Yo quería rezar cuando la luna me sobrecogía,
la mar decía sílabas seguidas
o los amigos se volvían viento.
Pero no terminaba, me quedaba hablando sola, cantando
al monte o sobornando a la alegría.
Yo quería rezar, quería de verdad,
pero se me caía el párpado en la boca,
me estallaban los ojos de la cara,
me vendían sin dientes a la mafia.
Yo quería rezar porque mi padre me lo había dicho,
porque hay estrellas, peces y colores
y los tumores precisan alivio.
Mas mi rezo se oxidaba en los pinchos de mi aliento y lloraba
como saben llorar todas las madres,
y mi rezo rebotaba en el muro,
se ahogaba en todas las venas juntas
o prendían un fuego mis palabras
con tanto ardor eterno, luego ceniza fría.
Perdía los nexos y predicados y los dioses se iban.
Hoy, ¿no lo ves?, el tiempo se ha cumplido
y ni los hombres viven ni los dioses estaban.
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